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miércoles, 4 de julio de 2012

Carta de mi hija adolescente a su madre "rara"

Tengo una gran libreta desde mis 20 años. Es un "cajón desastre" donde suelo escribir poemas garrapatos, momentos dionisiacos, malos sueños y deseos que se demoran. Este cuaderno de bitácora no anda suelto por mi casa por ser de chillonas letras, y estar conjugado en oraciones muy abiertas como piernas burdelescas. Más... un día, una púber de cortos bucles encontró el memorial azul trás un cristal empañado de silencio, y entonces dejó una prosa tan bella en mi libro de grafías chifladas que fungió como magia de borrón y cuenta nueva.


Aceptance, de Silent Hill tocado por Luana, 14 años.

martes, 15 de mayo de 2012

Carta del científico Richard Dawkins a su hija de 10 años

Mientras buscaba material en la red relacionado con las palabras 'cerebro-infancia-cuentos-ciencia' me topé con una carta escrita por el polémico divulgador científico británico Richard Dawkins (n. en Nairobi en 1941) y que además es zoólogo, teórico evolutivo, etólogo, y autor de muchos libros tales como El gen egoísta (1976) que dió a conocer la visión evolutiva enfocada en los genes y la popularizó, además de introducir en dicho texto los términos meme y memética. La carta versa sobre qué creer o no, y puedo asegurarte que al leer este hermoso documento impregnarás tu cerebro de verdades a montones muy fáciles de entender, experimentado con ello cierto placer por haber revisado en tan poco tiempo la historia del poder religioso y moral de forma clarísima.



Querida Juliet:

Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mí es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces,“evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”.

Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: “Si de verdad tiene el sarampión, debería ver….” y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar “Diagnóstico que la niña tiene sarampión”. A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.

La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman “tradición”, “autoridad” y “revelación”.

Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs… El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por “tradición”. Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como “los hindúes creemos tal y cual cosa”, “los musulmanes creemos esto y lo otro”, “los cristianos creemos otra cosa diferente”.

Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la transmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.

El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.

Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman “Reina del cielo”, como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.

Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes por qué creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.

Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer “autoridad” pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.

La tercera mala razón para creer en las cosas se llama “revelación”. Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que “se le había revelado”. Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación “revelación”. No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: “¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?” y supón que yo te respondo: “En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto”. Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una “sensación” interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como “mi mujer me ama”. Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.

A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrella siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una “corazonada” acerca de una idea que, de momento, sólo “le parece” acertada. En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de… otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un “mar de gente”. Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.

Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su “mar de gente”. El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio “mar de gente”, los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional (Recuerda que “información tradicional” significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.) El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre…, ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.

Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.

¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: “¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?” Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere,
Papá.

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- Carta de amor: "bienes comunes"

martes, 15 de noviembre de 2011

Un pésame de Albert Einstein que invita a pisar tierra

Robert S. Marcus, Director político del Congreso Judío Mundial perdió en 1950 a su pequeño hijo por causa de la poliomielitis. He aquí el pésame enviado por su amigo Albert Einstein.


febrero 12, 1950.

"Querido Dr. Marcus:


Un ser humano es una parte de un todo, al que llamamos “Universo”, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Él experimenta por si mismo (sus pensamientos y sensaciones) como si estuvieran apartados del resto; una especie de falsa ilusión óptica producida por su consciencia. El esfuerzo necesario para liberarse a uno mismo de esta falsa ilusión es un problema que debe resolver la verdadera religión. No alimentar esta falsa ilusión, sino intentar superarla, es la única forma de alcanzar un nivel de paz mental ..."

Con mis mejores deseos,
Atentamente,


Albert Einstein.



El Sr. Robert S. Marcus
Congreso Judío Mundial
1834 Broadway
Nueva York 23, NY



Fuente: Letters of not

miércoles, 13 de julio de 2011

Escrito de Frida Kahlo sobre la alta sociedad de Nueva York, y un poema de amor...

A propósito de los 104 años del nacimiento de la pintora mexicana

Imagen de Frida Kahlo tomada de El Economista


Nueva York, 26 de noviembre de 1931

"[...] La high society de aquí me cae muy gorda y siento una poca de rabia contra todos estos ricachones de aquí, pues he visto a miles de gentes en la más terrible miseria, sin comer y sin tener dónde dormir, ha sido lo que más me ha impresionado de aquí, es espantoso ver a los ricos haciendo de día y de noche parties, mientras se mueren de hambre miles y miles de gentes [...]

A pesar de que me interesa mucho todo el desarrollo industrial y mecánico de Estados Unidos, encuentro que les falta completamente la sensibilidad y el buen gusto.

Viven como en un enorme gallinero sucio y molesto. Las casas parecen hornos de pan y todo el confort del que hablan es un mito. No sé si estaré equivocada, pero sólo le digo lo que siento [...]"


Nota:
Frida llegó a Nueva York con Diego de Rivera, quien debía presentar en diciembre de 1931 una exposición retrospectiva en el recientemente Inaugurado Museo de Arte Moderno.


Fotografía de Frida Kahlo tomada del diario mexicano 'La Jornada'


Poema


en la saliva.
en el papel.
en el eclipse.
En todas las líneas
en todos los colores
en todos los jarros
en mi pecho
afuera, adentro-
en el tintero - en las dificultades de escribir
en la maravilla de mis ojos - en las últimas
líneas del sol (el sol no tiene líneas) en
todo. Decir en todo es imbécil y magnífico.
DIEGO en mis orines - Diego en mi boca - en mi
corazón, en mi locura, en mi sueño - en
el papel secante - en los paisajes- en la
comida - en el metal - en la imaginación.
En las enfermedades - en las vitrinas -
en sus solapas - en sus ojos - en su boca.
en su mentira.

Frida Kahlo (n. 6 de julio de 1907 + 13 de julio de 1954)

Ambos escritos pertenecen al libro

miércoles, 30 de marzo de 2011

Carta cruel de Manuela Saénz a su marido cornudo (1824)


"No, no y no; por el amor de Dios, basta. ¿Por qué te empeñas en que cambie de resolución? ¡Mil veces, no! Señor mío, eres excelente, eres inimitable. Pero, mi amigo, no es grano de anís que te haya dejado por el general Bolívar, dejar un marido sin tus méritos no sería nada. ¿Crees por un momento que, después de ser amada por este general durante años, de tener seguridad de que poseo su corazón, voy a preferir ser la esposa del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo o de los tres juntos? Sé muy bien que no puedo unirme a él por las leyes del honor, como tu las llamas, pero ¿crees que me siento menos honrada porque sea mi amante y no mi marido? No vivo para los prejuicios de la sociedad, que sólo fueron inventados para que nos atormentemos el uno al otro.
Déjame en paz, mi querido inglés. Déjame en paz. Hagamos en cambio otra cosa. Nos casamos cuando estemos en el cielo, pero en esta tierra ¡no! ¿Crees que la solución es mala? En nuestro hogar celestial, nuestras vidas serán enteramente espirituales. Entonces, todo será muy inglés, porque la monotonía está reservada para tu nación (en amor, claro está, porque sois muy ávidos para los negocios). Amas sin placer. Conversas sin gracia, caminas sin prisa, te sientas con cautela y no te ríes ni de tus propias bromas. Sin atributos divinos, pero yo, miserable mortal que puedo reírme de mí misma, me río de ti también, con toda esa seriedad inglesa. ¡Cómo padeceré en el cielo! Tanto como si me fuera a vivir a Inglaterra o Constantinopla. Por eso no te quiero. ¿Tengo mal gusto?
Pero basta de bromas. En serio, sin ligereza, con toda la escrupulosidad, la verdad y la pureza de una inglesa, nunca más volveré a tu lado. Eres católico, yo soy atea y esto es nuestro gran obstáculo religioso; quiero a otro y esto es una razón mayor y todavía más fuerte. ¿Carta de Manuela Saénz a su esposo. ¿Ves con qué exactitud razono?"



Manuela Saénz escribió esta carta a su marido, el inglés James Thorne, en 1824.

del libro "Cartas del corazón. Epistolario de amor
desamor y amistad", de la colección "Los Libros
de El Nacional", Caracas, Venezuela.


miércoles, 16 de marzo de 2011

Carta de un miembro de ATTAC desde Tokyo: Terremoto, tsunami y explosión nuclear.

Yoko Akimoto
(Traducción Susana Merino)


A medida que pasan las horas, la realidad se impone. Nuevas y cada vez más altas cifras, aparecen en la pantalla y pienso que similar experiencia es la que sufrieron nuestros amigos de Pakistán y de Haití, que aún sufren el desastre natural de que fueron víctimas.

Ayer, el gobernador de Miyagi anunciaba que la cantidad de muertos superaba los 10 mil. Y hoy explotó el reactor nº 3 de la central nuclear Fukushima y el corazón del reactor nº 2 entro en fusión (a las 2hs de la mañana del 15 de marzo, hora local). Es evidente que los reactores nucleares de Fukushima están fuera de control. http://www.bbc.co.uk/news/world-asia-pacific-12724953

Hace cuarenta años nuestros mayores se oponían a la construcción de centrales nucleares porque habían comprendido el peligro que entrañaban en un país propenso a los temblores de tierra. ¡Lamentablemente lo que temían acaba de convertirse en realidad!

En esa época, el gobierno expropió las cooperativas de pescadores y las comunidades locales para construir las centrales nucleares. Destruyó la fuente de subsistencia de esa gente para dar paso a esas centrales, afirmando que la energía nuclear no era peligrosa.

Actualmente, el gobierno y la empresa de electricidad de Tokyo, TEPCO, repiten hasta el cansancio que un temblor de tierra de amplitud inusual ha golpeado el norte de Japón. Sin embargo, el profesor asociado a las investigaciones sobre energía nuclear de la Universidad de Tokio Hiroaki Koide ha declarado que: “Puesto que el Japón es uno de los países en el que los temblores de tierra son más frecuentes, ningún temblor de tierra sería imprevisto si el gobierno apoya la energía nuclear” Muchos ciudadanos lo considerarán acertadamente responsable del accidente.

Ayer la empresa TEPCO ha comenzado a efectuar cortes programados en Tokio y en otros municipios que continuarán hasta fines de abril, explicando que el accidente nuclear ha provocado falta de electricidad. Muchos trenes saldrán de servicio. Ayer circulaban normalmente menos de la mitad de las líneas

Los negocios y los supermercados de la región metropolitana no tienen suficientes alimentos para los clientes. Escasean la leche, el agua, el pescado, el pan, el arroz. Algunas estanterías están vacías. La explicación la dan los problemas de distribución. Las autopistas se hallan bloqueadas y los camiones no pueden trasladarse.

Los habitantes de Tokio se habían acostumbrado a un cierto confort. Podíamos adquirir cualquier alimento sin darnos cuenta de los centenares de kilómetros recorridos. No nos preocupaba quién lo había producido y cómo. Ahora el terremoto y la fusión del corazón de los reactores nos recuerdan que la distribución es aleatoria y que existen otras formas de vivir.

Terremoto, tsunami y explosión nuclear.

Como la sobreproducción, el sobreconsumo y el derroche producen consecuencias serias en el planeta acompañadas del efecto invernadero y de la destrucción de la Madre Tierra. Nuestra mayor tarea hoy en día sería redefinir una manera de vivir sin destruir el ambiente.

Han pasado cuatro días desde la tragedia. Se suceden y se juntan alarmantes informaciones. No nos han llegado aún noticias de nuestros parientes en las zonas siniestradas. La contaminación por radiación se expande. Parece que ya llega a Tokio. Estamos rodeados de invisible angustia.

Con solidaridad, esperanza y amor.

Secretaria de ATTAC Japon



* Artículo publicado por rebelión con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

La ATTAC es un movimiento internacional altermundialista -esto es, que propone que la globalización y el desarroollo humano se base en los valores sociales y ambientales y no en el neoliberalismo económico- que propone el control democrático de los mercados financieros.

fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=124311

jueves, 9 de diciembre de 2010

CARTA DE AMOR: "BIENES COMUNES"



Estimada Cristina:


Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial.


A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario (...)(...) y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.

Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.


COSAS A CONSERVAR:

-La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.

-El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.

-El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.

-La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.

-La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.

-El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.

-Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.

-Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos.

-También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti.


COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TU:

-Los silencios.

-Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.

-El sabor acre de los insultos y reproches.

-La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.

-Las nauseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.


-El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.


-Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.

-Jorge y Cecilia... Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.


-Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc.) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:... objetos.

-Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (.......) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.

Afectuosamente,

Roberto.


(Carta ganadora en el 'III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor', año 2004 de la escuela de escritores virtuales. Su autor es Susana López Rubio, quien participó bajo el seudónimo de "César Romero Leal").