domingo, 19 de febrero de 2012

Adele

Adele, la excelente cantautora inglesa de pop, blues y jazz ha vendido más discos que Justin Bieber, Lady Gaga y Katy Perry juntos y es de esperarse que así sea pues sus dos discos, '19' y '21' no sólo son de colección sino también adictivos. Adele Laurie Blue Adkins, nombre completo de la ganadora de ocho Premios Grammy en el 2011 y de 6 Grammy en el 2012, nació el 5 de mayo de 1988 y estudió en la misma Escuela de Artes que Amy Winehouse, la London School for Performing Arts and Technology, un instituto de arte y diseño, medios de comunicación, artes escénicas y tecnología del cual salió graduada en el año 2006 demostrando una altísima calidad musical.

Adele, una artista de rostro sensual y gordo que está más cerca de las chicas robustas de Fernando Botero que de las clásicas estrellas fashion de cuerpos delgados o curvas pronunciadas (cuestión que la tiene sin cuidado y a nosotros también por que no lo necesita) ha sido fotografiada en esta ocasión por dos profesionales del lente y de la alta moda, Mert Alas y Marcus Piggott, quienes lograron un resultado espectacular después de intervenir las imágenes con photoshop. Las fotos, un total de ocho imágenes, reproducen la belleza del rostro de la cantante junto a otras reproduccciones en blanco y negro que encontré navegando y que dejan ver, sin duda -con trucos o sin trucos fotográficos- el poderoso atractivo que tienen las facciones de la cantante inglesa.

Por cierto, quien no haya escuchado a Adele se está perdiendo una gratísima experiencia del soul.




Fotografía de Mert Alas y Marcus Piggott para la revista Vogue

Fotografía de Mert Alas y Marcus Piggott para la revista Vogue

Fotografía de Mert Alas y Marcus Piggott para la revista Vogue

Imagen tomada de nogoodadviceblog


Fotografía de Mert Alas y Marcus Piggott para la revista Vogue

Imagen tomada de turumbavip.com

Fotografía de Mert Alas y Marcus Piggott para la revista Vogue


Fotografía de Mert Alas y Marcus Piggott para la revista Vogue


Fotografía de Mert Alas y Marcus Piggott para la revista Vogue

Fotografía de Mert Alas y Marcus Piggott para la revista Vogue

Adele ha sido versionada por muchísima gente pero, particular,ente llama la atención su influencia sobre algunas voces infantiles extraordinarias.


'Rolling in the deep' de Adele, en versión de los hermanos Vázques (mexicanos)


'Rolling in the deep' de Adele, en versión de Connie Talbot, 10 años de edad

Ver también a Marina, niña francesa de 13 años en http://youtu.be/PJv4KiPJkcs



Fuentes de las imágenes: mymodernmet, go4celebrity,

Mezcla de 71 voces alrededor del mundo cantando "Rolling in the deep"



Este video fue realizado por Luc Bergeron, conocido como Zapatou. En la descripción del enlace de You tube encontrarás los links numerados de cada uno de estos jóvenes cantantes de extraordinario talento.



Letras en inglés y castellano de "Rolling in the deep



There's a fire starting in my heart
Reaching a fever pitch, it's bringing me out the dark
Finally I can see you crystal clear
Go head and sell me out and I'll lay your shit bare

See how I leave with every piece of you
Don't underestimate the things that I will do

There's a fire starting in my heart
Reaching a fever pitch
And it's bring me out the dark

The scars of your love remind me of us
They keep me thinking that we almost had it all
The scars of your love they leave me breathless
I can't help feeling
We could have had it all
Rolling in the deep
You had my heart inside of your hand
And you played it
To the beat

Baby I have no story to be told
But I've heard one of you
And I'm gonna make your head burn
Think of me in the depths of your despair
Making a home down there
It Reminds you of the home we shared

The scars of your love remind me of us
They keep me thinking that we almost had it all
The scars of your love they leave me breathless
I can't help feeling
We could have had it all
Rolling in the deep

You had my heart inside of your hand
And you played it
To the beat

Throw your soul through every open door
Count your blessings to find what you look for
Turned my sorrow into treasured gold
You pay me back in kind and reap just what you sow

We could have had it all
We could have had it all
It all, it all it all,
We could have had it all
Rolling in the deep

You had my heart inside of your hand
And you played it
To the beat





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Hay un fuego comenzando a arder en mi corazón
alcanzando tono febril,
me está sacando de la oscuridad.
Por fin te puedo ver tan claro como el cristal,
ve y agótame y soportaré toda tu mierda.

Mira como dejo a cada parte de ti,
no subestimes las cosas que haré.

Hay un fuego comenzando a arder en mi corazón
alcanzando tono febril,
me está sacando de la oscuridad.

Las marcas de tu amor me recuerdan a nosotros,
continuan recordandome que casi lo teniamos todo, no puedo evitar sentir que
lo podriamos haber tenido todo,
girando en lo más hondo,
tenias mi alma en tus manos,
y lo jugaste
al extremo.


Cariño, no tengo ninguna historia para ser contada, pero he oído una tuya,
y voy a hacer que tu cabeza arda.
Piensa en mí en las profundidades de tu desesperación, haciendo una casa allá abajo,
te recuerda a la casa que compartimos.

Las marcas de tu amor me recuerdan a nosotros,
continuan recordandome que casi lo teniamos todo, no puedo evitar sentir que
lo podriamos haber tenido todo,
girando en lo más hondo,
tenias mi alma en tus manos,
y lo jugaste
al extremo.


Lanza tu alma a través de cada puerta abierta
cuenta tus bendiciones para encontrar lo que buscas. Cambié mi pena en un preciado oro,
Me pagas a cambio con especies y recoges lo que sembraste.

Lo podriamos haber tenido todo,
Lo podriamos haber tenido todo,
Todo, todo, todo,
Lo podriamos haber tenido todo,
girando en lo más hondo,
tenías mi alma en tus manos,
y lo jugaste
al extremo.

Cerebro de psicópata


Adrian Raine, experto en psicopatía de la Universidad de Pennsylvania fue muy claro en su presentación del Congreso de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), celebrado en febrero de 2011 en Washington DC: “No estamos sugiriendo que algunos niños sean psicópatas, pero sí que ciertos rasgos relacionados con la falta de emoción pueden ser utilizados para identificar a un subgrupo de niños que están a mayor riesgo de conducta antisocial severa y persistente”.


Un psicópata es una persona narcisista, que no siente empatía hacia el sufrimiento ajeno, ni remordimientos, con una elevada inteligencia que le permite manipular a quienes tiene alrededor, y que suele reincidir en sus acciones.

Basaba esta afirmación en un estudio publicado el pasado 2010 en la revista American Journal of Psychiatry. A principios de los años 70 investigadores estadounidenses seleccionaron una muestra de 1.795 niños de tres años de edad de Isla Mauricio e hicieron varias medidas de respuesta emocional condicionada, entre ellas la reacción ante el miedo. Veinte años después analizaron los registros penales de todos ellos, y encontraron que 137 sujetos (131 hombres y seis mujeres) habían sido juzgados por robos, agresiones u otros actos criminales. Realizando un estudio de cohortes, estos 137 casos se aparearon por raza, género y entorno socioeconómico a 237 individuos del grupo original que no habían incurrido en ningún tipo de conducta criminal. Comparando todos los registros se observó que quienes a los 23 años habían cometido algún tipo de delito grave, también habían mostrado valores significativamente más bajos de respuesta condicionada al miedo a los tres años de edad.

La falta de respuesta al miedo está asociada a disfunciones en la amígdala (una parte del cerebro responsable de las emociones). Y según Raine: “Éste es el primer estudio longitudinal que demuestra que un déficit temprano en el condicionamiento autónomo al miedo predispone a la criminalidad adulta. Los resultados son consistentes con la hipótesis de que el mal funcionamiento de la amígdala incrementa el riesgo de conducta criminal, y demuestra que este condicionamiento al miedo a edad temprana no está explicado por factores sociales, de género o raza”.

Otro estudio presentado en el encuentro de la AAAS, en este caso por la investigadora Nathalie Fontaine de la Universidad de Indiana, reforzó la hipótesis de que ciertas personas pueden nacer con mayor predisposición a conductas antisociales. La Dra. Fontaine siguió la trayectoria de 9.462 gemelos de entre 7 y 12 años, y constató una clara relación entre rasgos de insensibilidad emocional -como falta de empatía o sensación de culpa- con mayores incidencias graves reportadas en las escuelas. Sus conclusiones son que existe cierto componente hereditario en la conducta antisocial severa y la psicopatía –especialmente en hombres-, y que “si estos casos son detectados a tiempo, podemos ayudarles a ellos y a sus familias”.

Condicionantes neurobiológicos

Ambos estudios defienden la visión de que la psicopatía está fuertemente condicionada por condicionantes neurobiológicos. Pero no todos los expertos comparten esta visión tan determinista expresada por Raine y Fontaine. Consultado por SINC, el neurocientífico y experto en psicopatía Kent Kiehl cree que “algunos condicionantes biológicos a la psicopatía están presentes en niños de manera innata y pueden ser estimados con técnicas modernas”. Pero esto no quiere decir “que podamos predecir el crimen”. “La visión de Adrian Raine de detectar con tanta antelación a un futuro asesino en serie no es realista. El crimen no es un desorden cerebral. La psicopatía sí, y debe ser tratada como una enfermedad mental. Pero hay muchísimos psicópatas que nunca realizan ningún acto criminal. Además, los diagnósticos de Raine son muy poco específicos”, añade Kiehl.

Robert Hare es uno de los mayores expertos en psicopatía del mundo y autor del test PCL-R, la principal herramienta de diagnóstico de psicopatía cree que “no hay ninguna evidencia científica de que los psicópatas lleguen a este mundo con un cerebro dañado”. “Es indudable que nuestro comportamiento tiene un sustrato neurobiológico, y que en edad adulta vemos asociaciones entre actividad cerebral y psicopatía. Pero yo no soy ni de cerca tan determinista como Adrian Raine. Las relaciones causa-efecto entre entorno y neurofisiología no están tan claras todavía,” apostilla Hare.

¿Se puede curar un psicópata?

Un psicópata es una persona narcisista, que no siente empatía hacia el sufrimiento ajeno, ni remordimientos, con una elevada inteligencia que le permite manipular a quienes tiene alrededor, y que suele reincidir en sus acciones. Por eso, entre la comunidad científica se ha instaurado la idea de que son reincidentes y no tienen cura. Esta es una de las discusiones más importantes en el campo. Hare, quien lleva investigando psicópatas desde hace más de cuatro décadas, indica que “yo no hablaría de tratamiento sino de control de su comportamiento. Durante toda mi carrera he estudiado centenares de psicópatas, y no creo que haya posibilidades de cambiarles. No sienten ningún tipo de dolor psicológico. Sólo modifican su manera de actuar si les conviene desde una perspectiva egoísta”.

Sin embargo, Kent Kiehl no arroja la toalla: “Todavía nos faltan muchos detalles por aprender del cerebro de los psicópatas. Lo más importante es continuar haciendo investigación científica con técnicas de neuroimagen y biología molecular”. Kiehl ha realizado estudios mostrando que diferencias en el sistema paralímbico pueden mermar el control de la impulsibilidad, disminuir emociones como empatía, memoria emocional, o percepción del dolor, y afectar al aprendizaje y la toma de decisiones. Para él, el psicópata es fruto de un entorno, pero también de una enfermedad mental con base físiológica que puede diagnosticarse y, eventualmente, tratarse.

De hecho, Kiehl está desarrollando un proyecto desde la Universidad de Nuevo México para identificar psicópatas con escáneres cerebrales portátiles, y aspira a que la imagen por resonancia magnética pueda convertirse en una herramienta más precisa que las encuestas psicológicas para diagnosticar psicopatía. La idea es que un psicópata puede aprender a mentir ante ciertas pruebas, pero difícilmente podrá modificar su actividad cerebral bajo un escáner. Incluso participó como testigo de la defensa en el primer caso en que un abogado solicitó como prueba exculpatoria el fMRI de un asesino alegando importantes deficiencias. El juez finalmente no lo contempló y condenó a muerte al psicópata Brian Dugan.

Robert Hare se muestra preocupado por lo que él considera una excesiva y precipitada fe en las imágenes cerebrales. “Debemos ser muy cautos con la neuroimagen, porque todavía no sabemos bien la diversidad que existe entre gente normal, o con otras condiciones que nada tienen que ver con la psicopatía. Los estudios de Kiehl son prometedores y nos van a dar mucha información, pero es todavía muy prematuro y arriesgado intentar discernir psicópatas con técnicas de neuroimagen”, expresa a SINC. Kiehl no descarta que en un futuro próximo la neurociencia nos permita predecir la psicopatía, tratarla para prevenirla, e incluso replantearnos el concepto de culpabilidad de ciertos criminales.

A diario con psicópatas. Un bocado de realidad

La madrileña Virginia Barber es directora de los juzgados de salud mental del condado de Queens en Nueva York. El trabajo de esta doctora en psicología forense es evaluar si alguien que ha cometido un crimen puede beneficiarse de un tratamiento en comunidad como alternativa a la encarcelación. “Básicamente analizamos si hay enfermedad mental, comprobamos que no sean psicópatas, valoramos el riesgo de violencia, y detectamos que no estén intentando engañarnos. Hacemos un informe para el juez, y él lo utiliza para elegir una pena u otra”, explica.

Hablar con esta psicóloga que trabaja a diario con criminales y tiene la responsabilidad de valorar si pueden integrarse en la sociedad o no, es todo un baño de realidad. “La investigación científica en neuroimagen está ofreciendo resultados muy interesantes, y a nivel académico podemos discutir todo lo que quieras sobre sus implicaciones filosóficas en el concepto de culpabilidad, y la naturaleza de la mente humana. Pero plantear que el fMRI pueda en estos momentos tomarse en cuenta como diagnóstico en los juzgados es absolutamente irresponsable. Casi una ridiculez. Se ha intentado en varias ocasiones, y nunca se ha admitido por el simple motivo de que no supera unos criterios mínimos de fiabilidad. Ni de cerca permite demostrar causalidad”, explica Virginia, insistiendo en que es fundamental distinguir claramente entre un psicópata y alguien con conducta antisocial: “En las prisiones un 75% de individuos están diagnosticados con trastorno antisocial, pero sólo un 15% se pueden considerar psicópatas peligrosos que no sienten empatía, ni arrepentimiento, y que tienen altísimas posibilidades de reincidir”.

Respecto a la rehabilitación de los psicópatas, Virginia muestra un optimismo moderado: “En los últimos cinco años han aparecido varios estudios sugiriendo que algunos tratamientos con terapias cognitivas y conductuales bien estructuradas pueden dar resultados positivos. La rehabilitación completa no parece factible. Pero sí hay más indicios que invitan al optimismo”. Su valoración de los artículos de Raine y Fontaine no es positiva: “metodológicamente tienen limitaciones. En el de Fontaine, la evaluación de los profesores no es un criterio sólido. Y respecto al de Raine, la respuesta al miedo en niños de tres años está muy condicionada a muchos otros factores que a esa edad afectan al grado de ansiedad”.

Fuente: SINC

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- Los psicópatas que nos gobiernan (y los que están entre nosotros)
- ¿Cómo detectar a un psicópata?

sábado, 18 de febrero de 2012

Sin gente bruta la democracia colapsaría, revela un estudio


Uno de las creencias más extendidas en torno a la democracia, incluso entre personas con un conocimiento mediano o mínimo sobre el asunto, es que este sistema político funciona mucho mejor si quienes lo integran son personas interesadas en su entorno social y conocedoras de ciertos temas claves de su vida política inmediata.

Sin embargo, una investigación realizada por un investigador de Princeton podría echar por tierra esta idea. Iain Couzin asegura, por el contrario, que sin grandes multitudes de personas francamente ignorantes, la democracia simplemente colapsa.

Couzin es investigador posdoctoral en la Universidad de Princeton, adscrito al Departamento de Ecología y Biología Evolucionaria de dicha institución y sus intereses académicos se centran en los patrones biológicos de gran escala que resultan de las acciones e interacciones de los componente individuales de un sistema. Couzin estudia los patrones de auto-organización de sistemas biológicos de amplio alcance como ejércitos de hormigas, cardúmenes, parvadas, nubes de langostas y muchedumbres humanas.

En el caso del estudio en cuestión, Couzin y su equipo llegaron a la conclusión de que la democracia, desde su punto de vista, sigue este mecanismo: al interior de una sociedad debe existir un número limitado pero suficiente de personas que sepan todo sobre ciertos temas y que, en consecuencia, actúen como líderes para el resto, mayoría esta que se desintegra cuando surgen numerosos puntos de vista que tiran hacia diferentes direcciones. De ahí que Couzin hable de una especie de “punto medio de la ignorancia”, un sector imprescindible de personas que impidan el derrumbe del sistema en una anarquía caótica de minorías o en la imposición de una de estas para todas las demás. La inclinación por lo popular —fundamentalmente nacida de la ignorancia o el desinterés— es así la base de una sana democracia.


Lo curioso es que estos resultados los obtuvo Couzin estudiando el comportamiento de los peces, específicamente el de las carpillas doradas (Notemigonus crysoleucas) que tienen un gusto natural por el color amarillo. Los investigadores tomaron un buen bonche de estos animales y los entrenaron para que la mayoría de ellos se volviera contra su instinto y nadara hacia un blanco azul, mientras que el resto conservó su preferencia por el amarillo (con un blanco de dicho color que podían seguir).

Cuando los científicos juntaron estos dos grupos, el menos numeroso de peces pro-amarillo fue capaz de dominar a los pro-azules, haciéndolos nadar hacia el blanco amarillo durante un 80% del tiempo que duró la prueba (esto, al parecer, porque el instinto natural los hizo mucho más fuertes para influir en sus compañeros). Sin embargo, cuando se agregaba un pez que no había recibido condicionamiento previo, entonces la preminencia de los pro-amarillo decaía y, al principio, los mayoría pro-azul tomaba el control de la población. Couzin explica:

Agregar esos individuos cambió dramáticamente la toma de decisiones del grupo. Estos inhibieron a la minoría y apoyaron el comportamiento de la mayoría, lo cual permitió a su vez que la mayoría ganara presencia y que su perspectiva dominara. Pensamos, “Bueno, esto es interesante”, porque normalmente no piensas que agregar individuos desinformados a los procesos de toma de decisión tenga ese tipo de efecto democratizante.

Pero este fenómeno parece tener un límite: según Couzin si tienes 20 individuos desinformados y solamente uno o dos con opiniones contundentes, entonces hay mucho “ruido” y todo el proceso se paraliza.

Y si bien durante buena parte del siglo XX trasladar observaciones de la naturaleza al plano social —algo más o menos común un siglo antes— fue algo que desestimaron los científicos sociales de la época, quizá las conclusiones de Couzin podrían retomarse, aun con reservas, para preguntarnos por los fundamentos reales de la democracia más allá de los ideales teóricos que tantos repiten.

jueves, 16 de febrero de 2012

"Lo que internet esconde" (video subtitulado). *Importante y recomendado.


Pocas personas se han percatado del post aparecido en el blog oficial de Google el 4 de diciembre de 2009. No buscaba llamar la atención, ninguna declaración llamativa ni anuncios impactantes de Silicon Valley, solo unos pocos parágrafos ensartados entre la lista de las palabras más buscadas y una actualización sobre el software financiero de Google. Pero no ha escapado a todos. El blogger Danny Sullivan analiza sempre cuidadosamente el post de Google para tratar de averiguar cuáles son los próximos proyectos de la empresa californiana y lo ha encontrado muy interesante. Ha escrito que se trataba del “cambio más grande jamás acaecido en los motores de búsqueda”. Bastaba el titulo para entenderlo: “Busquedas personalizadas para todos”.

Google usa actualmente 57 indicadores –desde el lugar en que estamos al navegador que estamos usando al tipo de busqueda que hemos hecho– para averiguar quiénes somos y qué sitios visitamos. También cuando no estamos conectados, continúa personalizando los resultados y mostrándonos las páginas sobre las que probablemente clicaremos. Normalmente se piensa que haciendo una búsqueda en Google todos obtenemos los mismos resultados, aquellos que según el famoso algoritmo de la empresa PageRank tienen mayor relevancia en relación a los términos buscados. Pero desde diciembre de 2009 ya no es así. Hoy vemos los resultados que según PageRank nos son más apropiados, mientras que otras personas ven otros completamente diferentes. En pocas palabras, Google no es igual para todos.



No es difícil darse cuenta de la diferencia. En la primavera de 2010, mientras la plataforma Deepwater Horizon vertía petroleo en el golfo de México, pedí a dos amigos hacer la misma búsqueda en Google. Ambos viven en el noreste de Estados Unidos y son dos personas muy similares, de raza blanca, educados y de izquierdas. Los dos buscaron “BP”, consiguiendo resultados muy diferentes. Uno encontró información sobre las inversiones relacionadas con BP y otro noticias. En un caso, la primera página de resultados de Google contenía los links sobre el incidente en el golfo; en el otro no aparecía nada sobre el tema, solo una publicidad de la compañía petrolifera. Incluso el número de resultados era diferente: 180 millones y 139 millones. Si las diferencias entre dos personas de izquierda de la costa este eran tan grandes, imaginémonos cuánto lo serán, por ejemplo, respeto a las de un viejo republicano de Texas o las de un hombre de negocios japonés.

Ahora que Google está personalizado, la investigación sobre “células madre” probablemente dé resultados diametralmente opuestos para los científicos que son favorables a su estudio y para quienes estén en contra. Escribiendo “cambio climático”, uno ecologista y el otro dirigente de una compañía petrolífera obtendrán respuestas diferentes. La mayoría de nosotros cree que los motores de busqueda son neutrales pero probablemente lo pensamos porque nos son impuestos para secundar nuestras ideas. La pantalla del ordenador cada vez mira más por nuestros intereses mientras los analistas de los algoritmos observan todo lo que cliqueamos.

El anuncio de Google marca el punto de inflexión de una revolución importante pero casi invisible de nuestro modo de consumir la información. Podríamos decir que el 4 de diciembre de 2009 comienza la era de la personalización. 'Dime lo que quiero'; el mundo digital está cambiando, discretamente y sin hacer demasiado ruido. Lo que hace un tiempo era un medio anónimo en el que todos podían ser cualquiera – en el que nadie sabe si eres un perro, como decía una famosa viñeta del New Yorker [iii] – ahora es una forma de recoger y analizar muestros datos personales. Según un estudio del Wall Street Journal, los cincuenta sitios más populares del mundo, desde CNN a Yahoo!, a MSN, instalan una media de 64 cookies y beacons cargados de datos sobre nosotros. Si buscamos una palabra como “depresión” en un diccionario online, el sito instala en nuestro ordenador hasta 223 cookies y beacons que permiten a otros sitios invadirnos con publicidad de antidepresivos. Si hacemos una búsqueda sobre la posibilidad de que nos engañe nuestra esposa, seremos acosados por anuncios sobre tests de ADN para determinar la paternidad de nuestros hijos. Hoy la red no solo sabe si eres un perro, sino también la raza, y la comida que tiene que venderte.

La carrera por saber lo más posible de nosotros está ahora en el centro de la batalla del siglo entre gigantes como Google, Facebook, Apple y Microsoft. Como ha explicado Chris Palmer de la Electronic Frontier Foundation, "el servicio parece gratuito, pero lo pagamos con información sobre nosotros. Información que Google y Facebook están dispuestos a convertir en dinero". Incluso siendo herramientas útiles y gratuitas, Gmail y Facebook también son eficientes y máquinas voraces para extraer información, donde revelamos los detalles más íntimos de nuestras vidas. Nuestro iPhone sabe exactamente dónde vamos, a quien llamamos, qué leemos. Con su micrófono integrado, el giroscopio y los gps, es capaz de entender saber si estamos paseando, nos encontramos en el coche o en una fiesta.

Fuente de la Imagen: socialtimes

Aunque Google , hasta ahora, ha prometido no revelar nuestros datos personales, otros sitios y aplicaciones populares no lo garantizan. Detrás de las páginas que visitamos se esconde un enorme mercado de información sobre lo que hacemos on line controlado por sociedades que recopilan datos poco conocidos pero muy rentables, como BlueKai y Acxiom. Solo Acxiom ha acumulado una media de 1.500 informaciones, -desde la capacidad de crédito a los medicamentos comprados on line- sobre cada persona de su base de datos, que incluye al 96% de los estadounidenses. Y cualquier sitio web, no sólo Google y Facebook, puede ahora participar en el banquete.

Según los agentes de "los comportamientos de mercado", cada clic es una mercancía y cada movimiento de nuestro ratón puede venderse en unos pocos microsegundos al mejor postor. Como estrategia de mercado, la fórmula de los gigantes de internet es simple: cuanta más información personal son capaces de ofrecer, más espacios publicitarios pueden vender, y más probabilidades de que compremos los productos que se nos muestran. Es una fórmula que funciona. Amazon vende miles de millones de dólares intentando prever lo que puede interesar a los consumidores y volcando los resultados en su tienda virtual. Más del 60% de las películas descargadas o de los dvd alquilados en Netflix depende de las hipótesis que el sitio se hace sobre las preferencias de cada cliente.

Sheryl Sandberg. Fuente de la imagen

Según la directora operativa de Facebook, Sheryl Sandberg, dentro de tres, o cinco años como máximo, la idea de un sitio no personalizado parecerá absurda. Uno de los vicepresidentes de Yahoo!, Tapan Bhat, coincide: "El futuro de la web es la personalización. Hoy la web habla en primera persona. La red debe ser inteligente y a la medida de cada usuario". El exadministrador de Google, Eric Schmidt, declara con entusiasmo: "el producto que siempre he querido crear" es un código que "imagine lo que voy a escribir". Google instantáneo, que anticipa lo que queremos buscar mientras escribimos, fue lanzado en el otoño de 2010, y es sólo el comienzo. Según Schmidt los usuarios quieren que Google "diga lo que deben hacer después".

Si fuera sólo una forma de vender publicidad orientada, no sería tan grave. Pero la personalización no condiciona sólo lo que compramos. Para un porcentaje creciente de usuarios, los sitios de noticias personalizadas como Facebook se están convirtiendo en fuentes de información fundamental: el 36% de los estadounidenses menores de 30 años lee las noticias en las redes sociales. Como dice su fundador, Mark Zuckerberg, Facebook es quizás la mayor fuente de noticias del mundo (al menos por lo que respecta a una cierta idea de "noticias"). Pero la personalización no está condicionando el flujo de la información sólo en Facebook: actualmente servicios como Yahoo y News e News.me, lanzado por el New York Times, adaptan las noticias a nuestros intereses y deseos particulares.

La personalización interviene también en la selección de los videos que vemos en YouTube y en los blogs, influye en el correo electrónico que recibimos, sobre potenciales parejas que encontramos en OkCupid y en los restaurantes que nos recomienda Yelp. La personalización puede determinar no sólo con quién salimos, sino también a dónde vamos y qué hablamos. Los algoritmos que gestionan la publicidad orientada están empezando a administrar nuestras vidas. Como ha explicado Eric Schmidt, "será muy difícil ver o comprar algo que en cierto sentido no haya sido hecho a nuestra medida".


El código de la nueva red es bastante sencillo. Los filtros de nueva generación vigilan las cosas que nos gustan –basándose en lo que hemos hecho o lo que les gusta a las personas semejantes a nosotros– y después extrapolan la información. Son capaces de hacer predicciones, para crear y perfeccionar constantemente quiénes somos, qué hacemos y lo qué queremos. Juntos, filtran un universo de información específica para cada uno de nosotros, una "burbuja de filtros" que altera la manera en que entramos en contacto con las ideas y la información. De un modo u otro todos siempre hemos elegido las cosas que nos interesan e ignorado el resto. Pero la burbuja de filtros introduce tres nuevas dinámicas.

En primer lugar, estamos solos en su interior. Un canal de cable dedicado a quienes les interesa específicamente, por ejemplo el golf, tiene otros espectadores que comparten cosas en común. Sin embargo, en la burbuja estamos solos. En una época en que la información compartida es la base de experiencias compartidas, la burbuja de filtros es una fuerza centrífuga que nos divide. En segundo lugar, la burbuja es invisible. La mayor parte de las personas que consulta fuentes de noticias de derecha o de izquierda sabe que esa información está dirigida a quienes tienen una orientación política determinada. Pero Google no es tan transparente. No nos dice qué piensa o por qué nos muestra los resultados que vemos.

No sabemos si está haciendo suposiciones acertadas o no sobre nosotros, ni siquiera si las está haciendo. Mi amigo, que buscaba noticias acerca de BP, no tiene ni idea de por qué encontró información acerca de las inversiones, no es un agente de bolsa. Dado que no hemos elegido los criterios con que los sitios filtran la información entrante y saliente, es fácil imaginar que la que nos llega a través de la burbuja es objetiva y neutral. Pero no es así. De hecho, desde el interior de la burbuja es casi imposible darse cuenta de cuánta información se ve. Nosotros no decidimos lo que recibimos, y, sobre todo, no vemos lo que sale.


Finalmente, nosotros no decidimos entrar en la burbuja. Cuando vemos Fox News o leemos The New Statesman, ya hemos decidido que filtro utilizar para interpretar el mundo. Es un proceso activo, y como si nos pusieramos voluntariamente un par de lentes de colores, sabemos muy bien que las opiniones de los periodistas condicionan nuestra percepción del mundo. Pero en el caso de los filtros personalizados no hacemos el mismo tipo de elección. Vienen a nosotros, y dado que se perfeccionan, será cada vez más difíciles evitarlos. El fin del espacio público La personalización se basa en un acuerdo económico. A cambio del servicio que ofrecen los filtros, regalamos a las grandes empresas una enorme cantidad de datos sobre nuestra vida privada. Y estas empresas cada vez están más dispuestas a usarlos para tomar decisiones. Pero no tenemos ninguna garantía de que los traten cuidadosamente, y cuando sobre la base de estos datos se toman decisiones que nos afectan negativamente, nadie nos lo dice. La burbuja de filtros puede influir sobre nuestra capacidad de elegir cómo queremos vivir. Según Yochai Benkler, profesor de derecho en Harvard y estudioso de la nueva economía de la red, para ser artífices de nuestras vidas debemos ser conscientes de las alternativas.

Cuando entramos en la burbuja de los filtros, permitimos a las empresas que la construyen elegir qué alternativas podemos considerar. Nos ilusionamos con ser dueños de nuestro destino, pero la personalización puede producir una especie de determinismo de la información, en que lo que hemos cliqueado en el pasado determina lo que vamos a ver en el futuro, una historia diseñada para repetirse indefinidamente. Nos exponemos a permanecer atascados en una versión estática y cada vez más reducida de nosotros mismos, una especie de círculo vicioso. También hay consecuencias más amplias. Robert Putnam en su 'Capital social y el individualismo', el libro sobre la decadencia del sentido cívico en América, afronta el problema del agotamiento del 'capital social', es decir, de los lazos de confianza y reciprocidad lleva a las personas a devolverse favores y a colaborar para resolverproblemas comunes. Putnam identifica dos tipos de capital social: “El espíritu de grupo”, que, por ejemplo, se crea entre los ex estudiantes de la propia Universidad, y el “sentido de la comunidad”, que, por ejemplo, se crea cuando personas diversas se encuentran en una asamblea pública. Este segundo tipo de capital es muy potente: si lo acumulamos, tenemos más probabilidades de encontrar un puesto de trabajo o alguien dispuesto a invertir en nuestra empresa, porque nos permite atender a tantas redes diversas.

Todos esperabamos que internet fuera una gran fuente de capital de este segundo tipo. En el apogeo de la burbuja tecnológica hace diez años, Thomas L. Friedman escribía que internet se convertiría en "una comunidad de vecinos". Esta idea fue la base de su libro Las raíces del futuro: "Internet se convertirá en un gran dispositivo con que contará el sistema de la globalización hasta hacer el mundo cada día más pequeño y veloz".

Friedman tenía en mente un especie de aldea global en la que los niños africanos y los hombres de negocios de Nueva York formarían una sola comunidad. Pero no es eso lo que está pasando. Nuestros vecinos virtuales se parecen cada vez más a los reales, y nuestros vecinos reales se parecen cada vez más a nosotros.


Tenemos cada vez más "espíritu de grupo" pero poquísimo "sentido de la comunidad". Y esto es importante porque del sentido de comunidad nace nuestra idea de un "espacio público" en el que tratamos de resolver los problemas que van más allá de nuestros intereses personales. Normalmente tendemos a reaccionar a una serie de estímulos muy limitados: leemos antes una noticia sobre sexo, política, violencia, famosos, o que nos hace reir. Este es el tipo de contenido que entra más fácilmente en la burbuja de filtros. Es fácil hacer clic en "me gusta" y aumentar la visibilidad del post de un amigo que ha participado en una maratón o ha hecho una receta de sopa de cebolla.

Es mucho más difícil hacer clic en "me gusta" en un artículo titulado "Ha sido el mes más sangriento de los últimos dos años en Darfur". En un mundo personalizado, hay pocas probabilidades de que cuestiones importantes, pero complejas o desagradables, llamen nuestra atención. Todo esto no es particularmente preocupante si la información que entra y sale de nuestro universo personal se refiere solo a productos de consumo. Pero cuando la personalización también incumbe a nuestros pensamientos surgen otros problemas. La democracia depende de la capacidad de los ciudadanos para hacer frente a puntos de vista diferentes. Cuando sólo nos ofrece información que refleja nuestras opiniones, Internet limita esta confrontación. Aunque si a veces se nos hace cómodo para ver lo que queremos, en otras ocasiones es importante que no es así.

Como los viejos guardianes de las puertas de la ciudad, los técnicos que escriben nuevos códigos tienen el enorme poder de determinar lo que sabemos del mundo. Pero a diferencia de aquellos guardianes, los de hoy no se sienten defensores del bien público. No existe el algoritmo de la ética periodística. Una vez Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, dijo a sus colegas que para un usuario "una ardilla que muere en su jardín puede ser más relevante que todas las personas que mueren en África". En Facebook, la "relevancia" es prácticamente el único criterio que determina lo que ven los usuarios. Concentrarse en las noticias más relevantes a nivel personal, como la ardilla muerta, es una gran estrategia de mercado pero nos deja ver sólo nuestro jardín y no las personas que sufren, mueren o luchan por la libertad en otros lugares.

No es posible volver al antiguo sistema de los guardianes, y tampoco sería justo, pero si ahora son los algoritmos los que toman las decisiones y determinan lo que vemos, debemos estar seguros de que las variables de que disponemos van más allá de las estrecha "relevancia" personal. Deben hacernos ver Afganistán y Libia, no solo Apple y nuestro cantante favorito. Como consumidores no es difícil determinar lo que para nosotros es irrelevante o poco interesante. Pero lo que es bueno para un consumidor no tiene por qué serlo para un ciudadano. No quiere decirse que lo que aparentemente nos gusta sea lo que realmente queremos, y mucho menos que sea lo que debemos saber para ser ciudadanos informados de una comunidad o un país. "Es nuestro deber como ciudadanos estar informados también sobre las cosas que parecen no merecer nuestro interés", según el experto en tecnología Clive Thomp.El crítico Lee Siegel lo dice de otra manera: "Los clientes siempre tienen razón, las personas no". Lobotomía global


La era de la personalización está poniendo todas nuestas expectativas en internet. Los creadores de la red han imaginado algo más grande y más importante que un sistema mundial para compartir imágenes de nuestro gato. El manifiesto de Electronic Frontier Foundation al inicio de los años 90, hablaba de una "cultura de la mente en el ciberespacio", una especie de metacerebro global. Pero los filtros personalizados cambian las sinapsis del cerebro. Sin saberlo, nos estamos haciendo una lobotomía global.

Los primeros entusiastas de internet, como el creador de la web Tim Berners-Lee, esperaban que la red sería una nueva plataforma desde la cual afrontar juntos los problemas del mundo. Creo que todavía puede serlo, pero antes debemos mirar entre bastidores, comprender qué fuerzas están impulsando la dirección actual. Tenemos que desenmascarar el código y sus responsables, a quienes nos han dado la personalización.

Si "código es ley", como ha declarado el fundador de Creative Commons Larry Lessig, es importante comprender lo que están intentando hacer los nuevos legisladores. Debemos saber qué creen los programadores de Google y Facebook. Debemos entender qué fuerzas sociales y económicas están detrás de la personalización, cuáles son inevitables y cuáles no. Y tenemos que pensar qué significa todo esto para la política, la cultura y nuestro futuro. Las empresas que utilizan los algoritmos deben asumir esta responsabilidad. Deben dejarnos el control de lo que vemos, diciéndonos claramente cuándo están personalizando y permitiéndonos modificar nuestros filtros. Pero también nosotoros debemos hacer nuestra parte, aprender a "conocer los filtros" para usarlos bien y pedir contenidos que aumenten nuestros horizontes, incluso cuando sean desagradables. Es por nuestro interés colectivo que tenemos que asegurarnos que internet expresa todo su potencial de medio revolucionario. Pero no podrá hacerlo si permanecemos encerrados en nuestro mundo online personalizado.

Eli Pariser nació en 1980 en Lincolnville, Maine. Ha sido el director de MoveOn.org, que reagrupa incluye los movimientos de base de la izquierda estadounidense, y uno de los fundadores de Avaaz, una organización que apoya campañas para el medio ambiente y la democracia en todo el mundo. En febrero de 2011 tuvo lugar una Conferencia Ted sobre la burbuja de filtros, con el argumento de su libro The filter bubble.

Notas

*Quello che internet ci nasconde, http://www.internazionale.it/?p=50845 [ii] Eli Pariser: cuidado con la "burbuja de filtros" en la red http://www.ted.com/talks/lang/es/eli_pariser_beware_online_filter_bubbles.html [iii] On the Internet, nobody knows you're a dog http://en.wikipedia.org/wiki/On_the_Internet,_nobody_knows_you're_a_dog


Fuente

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