martes, 15 de mayo de 2012

Carta del científico Richard Dawkins a su hija de 10 años

Mientras buscaba material en la red relacionado con las palabras 'cerebro-infancia-cuentos-ciencia' me topé con una carta escrita por el polémico divulgador científico británico Richard Dawkins (n. en Nairobi en 1941) y que además es zoólogo, teórico evolutivo, etólogo, y autor de muchos libros tales como El gen egoísta (1976) que dió a conocer la visión evolutiva enfocada en los genes y la popularizó, además de introducir en dicho texto los términos meme y memética. La carta versa sobre qué creer o no, y puedo asegurarte que al leer este hermoso documento impregnarás tu cerebro de verdades a montones muy fáciles de entender, experimentado con ello cierto placer por haber revisado en tan poco tiempo la historia del poder religioso y moral de forma clarísima.



Querida Juliet:

Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mí es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces,“evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”.

Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: “Si de verdad tiene el sarampión, debería ver….” y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar “Diagnóstico que la niña tiene sarampión”. A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.

La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman “tradición”, “autoridad” y “revelación”.

Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs… El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por “tradición”. Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como “los hindúes creemos tal y cual cosa”, “los musulmanes creemos esto y lo otro”, “los cristianos creemos otra cosa diferente”.

Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la transmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.

El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.

Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman “Reina del cielo”, como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.

Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes por qué creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.

Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer “autoridad” pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.

La tercera mala razón para creer en las cosas se llama “revelación”. Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que “se le había revelado”. Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación “revelación”. No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: “¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?” y supón que yo te respondo: “En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto”. Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una “sensación” interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como “mi mujer me ama”. Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.

A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrella siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una “corazonada” acerca de una idea que, de momento, sólo “le parece” acertada. En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de… otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un “mar de gente”. Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.

Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su “mar de gente”. El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio “mar de gente”, los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional (Recuerda que “información tradicional” significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.) El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre…, ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.

Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.

¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: “¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?” Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere,
Papá.

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lunes, 14 de mayo de 2012

Esta pequeña deja que la música la lleve



Una niña de 3 años llamada Grace confía todo su cuerpo a la intuición musical dejándose llevar por el ritmo de la canción "Somebody That I Used To Knowe" ('alguien que yo conocía'). La diminuta bailarina sentada en la silla del auto se contonea y alza sus manos tal como lo hacen los fanáticos que escuchan cantar a su ídolo en algún concierto. La madre de Grace captó el baile apasionado de la niña que entregada escucha y siente la melodía al tiempo que mueve suavemente la cabeza y marca el compás con sus pequeños manos, a un ritmo que solamente puede describirse como ¡genial!. La pequeña escucha la música de un modo místico y sin moverse de su asiento juega con su cuerpo musicalmente, hace muecas de emoción y abre los ojos de repente para cerrarlos sutilmentecomo; de pronto al entrar el coro alza un puño y sonríe. Todo un espectáculo, que al verlo no podemos evitar sonreír ni dejar de pensar ¡qué estupendo baila Grace!.

Fuente: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=TYM5JleLQmg

Todo se olvida, menos la música

Extracto del diario de Clive Wearing en 1990, donde registra el momento en que se despertó una y otra vez


De
Martin Vennard para la BBC
Tocando piano

Cuando el director y músico británico Clive Wearing contrajo una infección cerebral en 1985, quedó con un lapso de memoria de sólo 10 segundos.

La infección -encefalitis herpética- lo dejó incapacitado para reconocer o recordar a personas o cosas que había visto o escuchado apenas unos momentos antes.

Pero a pesar de que los médicos admitieron que tenía uno de los casos más graves amnesia jamás vistos, su habilidad musical y mucha de su memoria musical estaban intactas.

Ahora, a la edad de 73, todavía es capaz de leer música y tocar el piano, así como incluso dirigir nuevamente a su antiguo coro.

Los investigadores creen que están más cerca de comprender como es que la memoria musical se conserva en algunas personas - aún cuando no pueden recordar nada de su pasado.
Clive Wearing

En una reunión de la Sociedad para la Neurociencia este mes en Washington, un grupo de neurólogos alemanes describieron el caso de un violonchelista profesional, a quien identificaron como PM, que se contagió el virus de la encefalitis herpética en el 2005.

Ni siquiera podía retener información sencilla, como la disposición de su apartamento.

Pero el doctor Carsten Finke, del Hospital de la Universidad de Charite en Berlin, dice que estaba "asombrado" de que la memoria musical del chelista estaba mayormente intacta y que aún podía tocar su instrumento.

Los lóbulos temporales del cerebro, que son en gran parte destruídos por casos graves de encefalitis herpética, son "altamente relevantes" para recordar cosas como hechos y cómo, dónde y cuándo ocurrió algo.

"Pero este caso y también el de Clive Wearing sugieren que la memoria musical parece guardarse independientemente de los lóbulos temporales", afirma el dr. Finke.

Terapia Musical


También estudió el caso de un paciente canadiense que en la década de 1990 perdió toda su memoria musical después de someterse a una cirugía que dañó otra parte de su cerebro conocida como circunvolución temporal superior.

Esto lo llevó a la conclusión de que las estructuras del cerebro usadas para la memoria musical "podrían ser la circunvolución temporal superior o los lóbulos frontales".

El dr. Finke dice que es necesario investigar más para confirmar estas hipótesis.

"Pero lo realmente novedoso en este caso es que podríamos mostrar que en una amnesia tan severa y densa, aún queda una isla intacta de memoria, la memoria musical", afirma.

El dr. Finke cree que podría ser posible usar esto para mejorar la rehabilitación de PM y otros amnésicos.

"Es muy interesante saber si en estos pacientes la memoria está intacta, de modo que pudiera usarse como entrada a estos pacientes. Se podría pensar tal vez en combinar una música especial con actividades como tomar medicinas.

"También pueden hacer terapia musical, comenzando a tocar música nuevamente y, al hacerlo, lograr cierta calidad de vida", señala.

Técnicas como esta deberían ser aplicables tanto a músicos como a quienes no lo son, ya que comparten los mismos sistemas de memoria.

"Sabemos que los cerebros de los músicos se adaptan de manera diferente - algunas áreas del cerebro son más grandes que en los no músicos, pero no es tan fácil pensar que pueden desarrollar un nuevo sistema", indica.
Lóbulos dañados

La memoria musical no es necesariamente la misma que otros tipos de memoria, dice la doctora Clare Ramsden, una neuropsicóloga en el Fideicomiso de Rehabilitación de Lesiones Cerebrales de Gran Bretaña, que está estudiando el caso de tres músicos, incluido Wearing.
Clive Wearing y su esposa

Clive Wearing toca bien, pero no recuerda haber tocado antes

"Eso es porque potencialmente no es únicamente conocimiento. Es algo que uno hace", indica la dra. Ramsden. Diferentes aspectos de la ejecución musical involucran diferentes partes del cerebro, concluye.

"Nuestra investigación está empezando a mostrar que en la gente con daño principalmente en sus lóbulos frontales, sus habilidades musicales son afectadas de un modo diferente a la gente como Clive, cuyos lóbulos temporales están dañados.

"Clive todavía puede tocar y leer música, pero las personas con lesiones en los lóbulos frontales podrían tener dificultad leyendo y ejecutando una pieza musical por primera vez, aunque lo hacen mejor con piezas que ya conocen", agrega la dra. Ramsden.

El profesor Alan Baddeley, de la Universidad de York, quien ha escrito documentos de estudio sobre el sr. Wearing, dijo que no le sorprendían los hallazgos del esquipo alemán.

"El caso de PM es un ejemplo muy bueno de que la memoria no es unitaria, de que hay más de una clase de memoria", expresó.

"La amnesia no destruye hábitos, pero los enfermos pierden la capacidad de adquirir y retener información acerca de nuevos eventos".
El Mesías de Handel

La esposa de Clive Wearing, Deborah, ha escrito un libro, Forever Today (Hoy por siempre), sobre cómo fueron afectadas sus vidas por su amnesia. Ella dice que todas sus habilidades musicales continúan intactas.

"Si le das a Clive una nueva pieza musical, la lee a simple vista y la toca en el piano, pero no se puede decir que la aprendió", expresó al Servicio Mundial de la BBC.

Pero agrega que "Clive no tiene conocimiento de haber tocado el piano ni de si todavía puede hacerlo".

Ha vivido bajo cuidado residencial especializado desde 1992, tras haber pasado los primeros siete años de su enfermedad en una unidad psiquiátrica.

"Si bien tuvo un piano en su habitación durante 26 años, no lo sabe hasta que se le señala".

La sra. Wearing afirma que la interpretación de su marido mejora cuando toca una pieza con regularidad, a pesar de no tener el recuerdo de haber tocado la pieza o cualquiera otra antes.

Sin embargo, añade que él recuerda cosas que ha sabido toda su vida o que ha tocado con regularidad. "De niño aprendió el Mesías de Handel y todavía lo sabe cantar" indica.

Agrega que él la recuerda, así como el amor que comparten, y que la música es un pasatiempo maravilloso para ambos.

"La música está en un lugar donde podemos estar juntos normalmente, porque mientras hay música, él es él, totalmente. Es totalmente normal".

"Cuando la música se detiene, él vuelve a caer en este abismo. No sabe nada de su vida. No sabe nada de lo que le ha pasado en toda su vida".

Fuente: BBC

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domingo, 13 de mayo de 2012

La música "enciende" el cerebro de enfermos con Alzheimer



Gracias a las redes sociales, un documental sobre el poder de la música en los enfermos de Alzheimer tuvo más de 60 mil espectadores antes de su estreno en Nueva York. El video ‘Aive Inside’ (Vivo en mi interior), realizado por Michael Rossato-Bennett, fue presentado oficialmente miércoles 18 de abril en el Museo Rubin, con entradas agotadas desde la víspera.

Alguien colgó en Youtube el tráiler del video –que aún no estaba terminado de editar-, generando un impacto inesperado para los realizadores del documental, que refleja los resultados del programa ‘Música y Memoria”, dirigido por Dan Cohen.

"Hay un millón y medio de personas en los asilos de ancianos en este país", dijo el realizador Michael Rossato-Bennett en una entrevista en televisión."Cuando vi lo que pasó con Henry quedé impactado. Si ves a un ser humano despertar así, algo te toca muy profundo dentro de ti", aseguró. Henry es uno de los siete pacientes estudiados en el documental ‘Alive Inside’, una mirada tierna al potencial de la música para ayudar a los hogares de ancianos.

EL DOCUMENTAL

Rossato-Bennett se hizo cargo del proyecto documental para promover ‘Música y Memoria’, una organización sin fines de lucro que reúne iPods con música personalizada para pacientes con demencia , luego de que la entidad lo contratara para rediseñar su página web. No imaginaba que el proyecto terminaría atrapándolo, al punto de trabajar en él noche y día.

La pantalla refleja cómo Henry Dryer se sienta, desplomado sobre la bandeja atada a su silla de ruedas. Él no habla, y rara vez se mueve, hasta que un trabajador del hogar de ancianos le pone los auriculares.

A continuación, Henry comienza a mover los pies, moviendo los brazos flexionados hacia adelante y hacia atrás, y canta en voz alta en perfecta sincronía con sus canciones favoritas.

"Siento una banda de amor, sueños", dijo Dryer, de 92 años, que tiene demencia. "Me da la sensación de amor, de romance!".

Dryer llegó a un hogar de ancianos hace 10 años, sufriendo convulsiones. Su hija, Cheryl afirma que él siempre ha amado la música. "Siempre estaba conectado a la música, siempre le encantó cantar y bailar", expresa."Él nos llevaba caminando por la calle a mi hermano y a mí, y se paraba y cantaba en la lluvia. Nos hacía saltar y girar alrededor de los postes”, recuerda.

Los temas favoritos de Dryer son: Cab Calloway y Bing Crosby. Especialmente, "Estaré en casa para Navidad", que canta con una voz conmovedora.

MÚSICA PERSONALIZADA

La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia, que afecta a 5,4 millones de estadounidenses. Rápidamente roba los recuerdos y otras funciones cerebrales a los pacientes, obligando a la mayoría a vivir sus últimos años en hogares de ancianos.

"Cuando yo termine en un asilo de ancianos, quiero tener mi música conmigo", expresa Dan Cohen, director ejecutivo de la organización."No hay muchas actividades en los asilos de ancianos que sean personalmente significativas. Pues, aquí hay fácil, que tiene un impacto significativo...".

Cohen afirma que las listas de temas personalizadas, elegidos por sus seres queridos, hacen que los pacientes se iluminen . "Están más alerta, más atentos, más cooperativos, más comprometidos", explica."Incluso aunque no puedan hablar y hayan dejado reconocer a sus seres queridos, al oír música cobran vida".

El Dr. Oliver Sacks, neurólogo entrevistado en la película, dijo que la música puede tener un poderoso efecto en personas con demencia.

"En primer lugar, vemos a Henry inerte, tal vez deprimido, sin responder y casi sin vida. Entonces se le da un iPod que contiene su música favorita... Y en seguida se enciende", dijo Sacks, cuyo relato de la musicoterapia en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson inspiró el libro y la película "Despertares".

Geri Hall, una especialista en enfermería clínica en el Instituto de la Banner Alzheimer Institute, en Phoenix, Arizona, dijo que la música activa una parte del cerebro que permanece viva a pesar de la demencia."Hay algo sobre la música que atraviesa derecho hasta el fondo de la enfermedad", dijo, y agregó que la música conocida en el pasado puede ayudar a las personas con demencia a sentirse como en casa."Les tranquiliza, aumenta la socialización, y disminuye la necesidad de medicamentos que controlan el estado de ánimo."

UN IPOD PARA CADA ANCIANO

Sin embargo, un iPod para todos los residentes de un hogar de ancianos no es tarea fácil."Eso es un montón de dinero cuando se está hablando de 200 personas en un centro de cuidado a largo plazo", dijo Geri Hall.

“Música y Memoria’ acepta iPods nuevos y usados, y los distribuye a los hogares de ancianos.Se espera que "Alive Inside" inspire a más gente a pensar en la música como un sencillo punto de partida para mejorar el cuidado de los pacientes con demencia.

“Realizar este documental ha sido una odisea alucinante. Ningún proyecto en el que he trabajado me ha cambiado tanto como esta historia. Es mi esperanza que esta película despierte los corazones de la gente y ayude a que sea posible llevar la música a los asilos de ancianos, a personas que ni siquiera saben lo mucho que necesitan el regalo de la música”, ha declarado el director Michael Bennet-Rossato.

Fuente: protestantedigital.com

La historia de la Tierra en 24 horas

Si toda la historia de la Tierra pudiera caber en 24 horas el primer organismo vivo habría hecho su debut a las 4 de la mañana y el ser humano aparecería faltando dos minutos para las 12 de la noche.

Fuente: Universidad de Wisconsin-Madison. Vía: Culture of Science. Amazing.es. Factoría dMultimedia.