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lunes, 21 de mayo de 2012

Famoso psiquiatra que defendió la "cura gay" admite que se equivocó

Imagen tomada de www.forbes.com

Una de las figuras más influyentes de la psiquiatría moderna ha pedido disculpas a los homosexuales de Estados Unidos por un estudio científico que apoyaba los intentos de "curar" a la gente de su homosexualidad.

El estudio, publicado en 2001, contemplaba a la "terapia reparativa" y fue aclamado por los conservadores religiosos y sociales de los Estados Unidos, como una prueba exitosa de que la gente gay podía lograr cambiar onvertirse en heterosexual si estaban motivados para hacerlo.

Sin embargo, el Dr. Robert Spitzer, ha tenido que pedir disculpas en la misma revista académica que publicó su estudio original, calificándola de "fatalmente defectuoso". "Creo que le debo a la comunidad gay una disculpa", dijo la carta. "También pido disculpas a cualquier persona gay que perdió tiempo y energía experimentando algún tipo de terapia reparativa, porque creían que yo había demostrado que la terapia reparativa funcionaba."

La Carta de Spitzer, que se filtró en Internet antes de su publicación en los Archivos de Comportamiento Sexual, seguramente causará deleite entre los grupos de los derechos civiles de los homosexuales y despertará la ira de los conservadores, que han utilizado el estudio para luchar contra la aceptación de la homosexualidad como algo normal de la sociedad humana.

La terapia reparativa es popular entre grupos cristianos conservadores, que usan clínicas y sesiones de terapia con la personas que tratan de convertirse en heterosexuales a través de asesoramientos. Los activistas de los derechos de los homosexuales condenan estas prácticas motivadas por la fe religiosa, y no por la ciencia, prácticas llamadas "orar para alejar a los grupos homosexuales".

Imagen tomada de www.springerlink.com

El estudio de Spitzer se centraba en las experiencias de 200 personas que realizaron la terapia, incluyendo a sujetos proporcionados por los grupos religiosos. Luego le preguntó a cada persona la misma serie de preguntas, y después analizó sus respuestas, sentimientos e impulsos sexuales en la terapia. Él concluyó que muchos de ellos reportaron sentimientos de cambios con respecto a sus deseos sexuales de homosexuales a heterosexuales.

La postura de Spitzer era notoria, pues en 1973 había sido fundamental para conseguir que la Asociación Americana de Psiquiatría dejara de considerar la homosexualidad como un trastorno mental dentro de su manual de diagnóstico: una medida que en su momento fue una gran victoria para los derechos de los homosexuales.

En el 2001 su estudio causó un gran revuelo ya que mucha gente sentía que no era lo suficientemente riguroso para su publicación. La crítica central era que Spitzer no había prestado suficiente atención al hecho de que los sujetos pueden mentir acerca de sus sentimientos o estar participando en un auto-engaño.

Durante más de una década Spitzer restó importancia a los ataques y siguió trabajando, pero ha admitido que sus críticos estaban en lo cierto. "Yo ofrecí varios motivos (poco convincentes) por los que era razonable suponer que los reportes de los sujetos que habían reportado los cambios eran creíbles y no un auto-engaño o mentiras puras y simples. Pero el hecho es que no había manera de determinar si lo contado acerca del cambio era válido", escribió Spitzer.

En una entrevista con el New York Times la semana pasada, Spitzer, de 79 años y con la enfermedad de Parkinson, describió cómo había escrito su carta de retractación en medio de la noche después de angustiarse respecto a las repercuciones del estudio.

Recientemente también había sido visitado por Gabriel Arana, un periodista de la revista gay, quien le había descrito su propia experiencia al pasar por la terapia reparativa y cómo había sido perjudicial para él hasta el punto de llevarlo a tener pensamientos de suicidio. "Es la única queja que tengo, el único profesional", dijo Spitzer al New York Times, que lo describió como a punto de llorar mientras hablaba sobre su decisión de admitir que estaba equivocado.

"En la historia de la psiquiatría no visto nunca un científico escribir una carta diciendo que los datos estaban allí, pero fueron mal interpretados por completo. ¿Quien admitió eso y se disculpó con sus lectores?. Eso es algo, ¿no te parece? " dijo Spitzer al periódico.

El grupo por los derechos de los homosexuales publicó el texto completo en su página web 'La verdad triunfa', y elogió el momento como un gran paso adelante. "La disculpa de Spitzer para con las víctimas de la terapia "orar para alejar al gay" ... marca un momento decisivo en la lucha contra el mito del 'ex-gay'", dijo el grupo.

Fuente: The Guardian

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miércoles, 2 de mayo de 2012

Artículo: Sexo y pereza y "El Imperio de los 'Sin Sexo'" (video).


Sinopsis del video tomado de Youtube: El Instituto Nacional de Sexología japonés define con el término Sexless ('Sinsexo') a las parejas que mantienen relaciones amorosas con una frecuencia inferior a una vez al mes. Pero, como muestra el documental El Imperio de los SinSexo, ingenioso juego de palabras que evoca la película El Imperio de los sentidos de Nagisa Oshima, cada persona tiene su propio concepto de abstinencia. Los hay que, aunque sólo hagan el amor una vez al año o, incluso, cada dos años, no se consideran 'Sinsexo'.

'Mendokusai' es la excusa perfecta utilizado por ellos para para no hacer el amor.

El 37% de las mujeres japonesas se reconocen como abstinentes pero diversos informes demuestran que el porcentaje es mucho mayor. La famosa terapeuta nipona Mayumi Futamatsu asegura en el documental "El impero de los SinSexo" que la experiencia en su consulta le confirma que "entre el 60 y 70% de las parejas de más de 40 años no mantiene relaciones sexuales".

Esta situación no es nueva en Japón. Yoko, una esteticista de 39 años, cuenta que cuando se casó se fue de viaje de novios con su marido durante 10 días "y no pasó nada. Hasta el tercer año de casados no empezamos a hacer el amor tres o cuatro veces al año. Siempre se lo pedía yo y al final se fue a dormir a otra habitación".




Reproduzco este excelente artículo
escrito por Santiago Alba Rico.


Hace unas semanas, un documental emitido por la televisión española revelaba una realidad insospechada para los que amamos la cultura japonesa: el 70% de los habitantes de Japón no mantiene nunca relaciones sexuales: parejas casadas que llevan veinte años sin hacer el amor, novios castos que evitan tocarse, ejecutivos solitarios que pagan por poder acariciar... un gato. Podríamos pensar que se trata de una cultura puritana y reprimida o de una sociedad de disciplina “protestante”, volcada en el trabajo, que ha dado la espalda a los placeres del erotismo. Pero es mucho más complicado e inquietante. Porque resulta que este Japón monacal, de pocos hijos y menos abrazos, cuenta con la más floreciente industria del sexo del mundo, con unos ingresos de 20.000 millones de euros al año que representan el 1% del PIB del país. Aún más: no se trata sólo de la industria más potente sino también de la más refinada, la más variada, la más imaginativa y la menos púdica: las calles de Tokio ofrecen sin tapujos toda clase de reclamos publicitarios y toda clase de servicios; y sus ciudadanos los reciben y los usan con la misma naturalidad con la que comen sushi o compran el último modelo de iPhone.

Muchos ejecutivos solitarios acuden a centros que ofrecen gatos sólo para ser acariciados

¿Hay alguna contradicción o, por el contrario, una proporcionalidad directa entre la abstinencia sexual y la hipertrofia de los estímulos sexuales? La característica central de esta refinadísima industria del placer corporal es que todas sus ofertas, sus adminículos, sus imágenes y sus promesas de gozo no sólo excluyen la penetración (que es la que define la prostitución, ilegal en Japón) sino que está orientada a suprimir cualquier mediación propiamente humana. ¿Cómo decirlo? No es que en Japón estén desapareciendo las “relaciones sexuales”; lo que están desapareciendo son las “relaciones” en general mientras que el sexo sin relaciones, completamente autorreferencial, va ocupando un lugar cada vez más importante en la vida de individuos desconectados del mundo que no sienten la menor vergüenza en exhibir y proclamar esta desconexión. Esta riquísima, civilizadísima, libérrima industria sexual -con todo su aparato escénico e instrumental- está orientada a ahorrar el trabajo de las dependencias exteriores: el cortejo, la conversación, los preliminares, el otro mismo. Uno de los japoneses entrevistados en el documental declaraba con alegre franqueza que prefería masturbarse en una cabina con una vagina de plástico mientras veía imágenes pornográficas que acostarse con su novia: “me da mucha pereza”, decía, “porque cuando estoy con ella tengo que ocuparme de su placer y prefiero ocuparme sólo del mío”. Lo extravagante de este egoísmo es que quiebra la regla antropológica básica de los últimos 15.000 años según la cual el propio placer sexual estaba asociado precisamente a la existencia de otros cuerpos y al reconocimiento, aunque fuese negativo, de nuestra dependencia de ellos. El sexo en Japón se ha emancipado de los cuerpos, esas criaturas tan inmanejables, tan incómodas, tan exigentes, tan imprevisibles.

"Mendokusai" significa en japonés "estoy cansado". Imagen tomada de tryonmydream

“El infierno son los otros”, decía el filósofo Jean-Paul Sartre. Los otros, sobre todo, dan pereza. Hasta ahora nos cansaba trabajar y nos cansaba también estudiar mientras que estábamos siempre dispuestos a reunirnos con unos amigos, ir a una fiesta, participar en el bullicio de una conversación, desnudar de nuevo con emoción el pecho del amado. Ahora lo que cansan son las relaciones. Sexo sí, relaciones no. La industria sexual en Japón refleja y alimenta una sociedad de perezosos masturbadores que pagan para no tener que ocuparse de sus mujeres o de sus novias; que pagan, en definitiva, para emancipar su propio placer de cualquier contacto exterior.

El colmo de la civilización, ¿será la masturbación industrial? Tres cosas llaman la atención de esta extraña pereza cultural. La primera, como insólita ruptura antropológica, tiene que ver con el hecho de que las imágenes y los instrumentos han absorbido por completo la intensidad de los objetos a los que aludían o sustituían. La pornografía, las muñecas, los juguetes sexuales, fuente hasta ahora de estímulo y de insatisfacción, sucedáneos irritantes del cuerpo deseado, se han convertido en el objeto mismo donde se satisface el deseo. Esas imágenes, esas muñecas, esos juguetes, constituyen la superación completa de todas las imperfecciones y todas las molestias, al servicio ahora de un placer encerrado, como un molusco, en el propio cuerpo. En su cabina, frente a la pantalla, manipulando el artefacto de plástico, el perezoso no echa de menos el cuerpo verdadero; todo lo contrario: se siente aliviado, liberado, sexualmente colmado en su confortable negación del mundo.

Imagen tomada de michaelimages

La segunda cosa que llama la atención de esta ruptura antropológica es, en cambio, de orden muy tradicional: esta nueva sociedad de perezosos masturbadores sigue siendo, como la anterior, machista y masculina, y en ella la mujer ocupa no sólo un papel subalterno sino también instrumental. La industria japonesa del sexo, que no está dirigida a las mujeres, emplea sin embargo a muchas mujeres, pero no porque los clientes pidan o necesiten cuerpos femeninos, sino porque los cuerpos femeninos, con un poco de trabajo, pueden lograr parecer imágenes, muñecas y juguetes. Los hombres se ahorran el trabajo de las relaciones; las mujeres trabajan para ahorrar a los hombres el trabajo de las relaciones. Ciencia-ficción y patriarcado se citan en los locales de masturbación industrial de Tokio. La vieja utopía homofóbica y misógina de un mundo sin mujeres se hace realidad en estos recintos de sexo puro donde una sucesión de Unos Machos se derrite en un espacio sin Nadie.

La última sorpresa es inquietante y se refiere a la naturalidad con que los japoneses reivindican su derecho a la pereza antropológica. Hay algo muy desagradablemente machista en la bravuconería del latin-lover que se jacta en público de sus hazañas sexuales; pero uno casi siente nostalgia del macho de las cavernas, y hasta del salvaje torturador, ante la obscenidad del masturbador industrial al que sobran todos los cuerpos del mundo y que exhibe su auto-erotismo como la máxima satisfacción y la máxima evolución a la que puede aspirar un individuo humano.

'Poblada soledad', de Alberto Pancorbo. Imagen tomada de Im-pulso

Una de las ventajas del sexo es que obliga a prestar atención al otro. No cuidamos un cuerpo enfermo de buena gana, pero nos ocupamos con minucioso entusiasmo del cuerpo deseado. El amor y el deseo constituyen la única garantía irrefutable de la existencia del mundo y de nuestra dependencia recíproca en él. Un beso es una forma de materializar al otro; una caricia una marca de salvación del cuerpo ajeno. ¿Que pasa cuando la pereza llega al extremo de cortar todo vínculo -incluso el del deseo- con un cuerpo de carne y hueso? Japón, vanguardia del capitalismo, está a punto de liberarse industrialmente de la atadura de los otros. Quizás sea bueno. Un perezoso antropológico emancipado de todas las relaciones corporales no será un maltratador doméstico ni un violador en serie ni un sádico verdugo; un masturbador satisfecho nunca será un activo destructor del mundo. Pero un macho que se “independiza” de los cuerpos a través de la masturbación artefacta, un perezoso radical adicto a la ausencia industrial del mundo, hará muy poco por conservar ese mundo que desprecia, allí donde se encuentre en peligro, y hará en cambio todo lo que sea necesario -y sin ningún malestar o remordimiento- por conservar la industria de la que depende su independencia. Entre la barbarie antigua, tan saludablemente asesina, y la masturbación ultracivilizada, tan bárbaramente perezosa, ¿no habrá aún alguna forma de seguir reivindicando la existencia del mundo, el amor libre, la dependencia voluntaria, el beso salvífico, el placer compartido?

Fuente

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jueves, 12 de abril de 2012

Según estudio, la homofobia es mayor en aquellos que reprimen su atracción

La homofobia es más pronunciado en las personas con una atracción no reconocida por el mismo sexo y que crecieron con padres autoritarios que prohibían tales deseos, demuestra una serie de estudios de psicología.

El estudio es el primero en documentar el papel que tanto la crianza de los hijos como la orientación sexual juegan en la formación de un miedo intenso y visceral a los homosexuales, incluyendo el autocontrol de actitudes homofóbicas, sesgo discriminatorio, hostilidad implícita contra los homosexuales, y la aprobación de políticas anti-gay. Llevada a cabo por un equipo de la Universidad de Rochester, la Universidad de Essex, Inglaterra, y la Universidad de California, Santa Bárbara, la investigación y se publicó en la edición del mes abril en el Journal of Personality and Social Psychology. (Fuente de la imagen)

“Los individuos que se identifican como correctos, pero en los tests psicológicos muestran una fuerte atracción hacia el mismo sexo pueden verse amenazados por gays y las lesbianas ya que les recuerdan tendencias similares dentro de sí mismos”, explica Netta Weinstein, profesor de la Universidad de Essex y autor principal del estudio.

“En muchos casos se trata de personas que están en guerra con ellos mismos y que están convirtiendo este conflicto en algo externo”, agrega Richard Ryan, co-autor y profesor de psicología en la Universidad de Rochester, quien ayudó a dirigir la investigación.

El documento incluye cuatro experimentos, llevados a cabo en Estados Unidos y Alemania; con una participación media en cada uno de ellos de 160 estudiantes universitarios. Los resultados proporcionan nuevas evidencias empíricas para apoyar la teoría psicoanalítica de que el miedo, la ansiedad, y la aversión que algunas personas aparentemente heterosexuales tienen hacia gays y lesbianas pueden crecer a partir de sus propios deseos reprimidos hacia el mismo sexo, dice Ryan. Los resultados también apoyan la más moderna teoría de autodeterminación, desarrollado por Ryan y Deci Edward en la Universidad de Rochester, que vincula a los padres como controladores de una baja auto-aceptación y la dificultad de la valoración de uno mismo incondicionalmente.

Imagen tomada de sciense.ru.

Los hallazgos podrían ayudar a explicar las dinámicas personales detrás de algunos actos criminales o intimidantes dirigidos a gays y lesbianas, argumentan los autores. La cobertura mediática de los crímenes de odio relacionados con tendencias sexuales gays sugieren que los atacantes suelen percibir un cierto nivel de amenaza de los homosexuales. La gente que niega su propia orientación sexual puede arremeter contra homosexuales, porque los objetivos son amenazar y llevar este conflicto interno al exterior, escriben los autores.

La investigación también arroja luz sobre los casos en que figuras públicas que se denominan anti-gay son sorprendidos en actos que ellos mismos censuran. Los autores escriben que esta dinámica de conflicto interno puede reflejarse en ejemplos tales como Ted Haggard, el predicador evangélico que se oponía al matrimonio gay, pero fue protagonista de un escándalo sexual con miembros de su mismo género, en 2006, y Glenn Murphy, Jr., ex presidente de la Federación Nacional de Jóvenes Republicanos y opuesto al matrimonio gay, que fue acusado de agredir sexualmente a una joven de 22 años de edad, en 2007.

“Nos reímos o nos burlamos de una hipocresía tan evidente, pero de una manera real, estas personas a menudo pueden ser ellas mismas víctimas de la represión y haber sufrido la experiencia de amenazas ante sus sentimientos”, dice Ryan. “La homofobia no es un asunto de risa. A veces puede tener consecuencias trágicas”, dice Ryan, que apunta a casos como el asesinato en 1998 de Matthew Shepard, o los disparos de 2011 deLarry King ”.

Imagen de Taringa

Para explorar la atracción sexual de los participantes explícitos e implícitos, los investigadores midieron las diferencias entre lo que decían los sujetos acerca de su orientación sexual y cómo reaccionaban durante una prueba cronometrada de una fracción de segundo. A los estudiantes se le pedçían palabras e imágenes en una pantalla de ordenador y seles pedía que adjetivaran en dos categorías; “gay” o “hetero”. Antes de cada uno de los 50 ensayos, los participantes estaban preparados subliminalmente con la palabra “yo” o “los demás”, apareciendo en la pantalla durante 35 milisegundos. Se les mostró entonces las palabras “gay”, “correcto”, “homosexual” y “heterosexual”, así como imágenes de parejas heterosexuales y homosexuales, y el equipo de seguía sus tiempos de respuesta. Una asociación más rápida del “yo” con “gay” y una asociación más lenta de “yo” con “correcto”, indica una orientación homosexual implícita.

En un segundo experimento, en el que los sujetos eran libres de navegar entre fotos de sujetos del mismo sexo o de sexos opuestos, era una medida adicional de la atracción sexual implícita.

A través de una serie de cuestionarios, los participantes también informaban sobre el tipo de crianza que tuvieron; autoritario a democrático. A los estudiantes se les pidió posicionarse ante afirmaciones como: “Me sentí presionado y controlado de cierta manera”, o “Me sentí libre de ser quien soy.” Para medir el nivel de homofobia en el hogar, los sujetos respondieron a temas como: “Sería triste para mi madre saber que su hija era lesbiana” o “Mi padre evita a homosexuales siempre que sea posible.”

En México se han realizado diversas protestas para que se termine con la homofobia en el país.Imagen de El Espectador

Por último, los investigadores midieron el nivel de homofobía delos participantes – tanto abierta, como se expresaba en los cuestionarios sobre la política social y creencias, o implícita, como se revelaba en pruebas de completar palabras. En este último caso, los estudiantes escribieron las primeras tres palabras que vienen a la mente, por ejemplo, para el mensaje “__ ki“. El estudio evaluó el incremento en la cantidad de palabras agresivas que se producía tras haber bombardeado a los sujetos subliminalmente con la palabra “gay” durante 35 milisegundos.

En todos los estudios, los participantes con padres que apoyaban y aceptaban lo qué eran estaban más en contacto con su orientación sexual implícita, mientras que los participantes que habían crecido en ambientes autoritarios pusieron de manifiesto una mayor discrepancia entre la atracción explícita e implícita.

“En una sociedad predominantemente heterosexual, ser tú mismo, puede ser un desafío para muchas personas homosexuales. Sin embargo, en hogares controladores y homofóbicos, que abarcaban una orientación sexual minoritaria, puede ser aterradora”, explica Weinstein. “Estos individuos temían perder el amor y aprobación de sus padres si admiten sentirse atraidos por personas del mismo sexo, por lo que muchas personas niegan o reprimen esa parte de sí mismos.”

Además, los participantes que se denominaban heterosexuales pero que sus repuestas en las pruebas indicaban un tiempo de reacción diferente, eran más propensos a reaccionar con hostilidad ante otros homosexuales, demostraron los estudios. Esa incongruencia entre las medidas implícitas y explícitas de la orientación sexual predice una variedad de comportamientos homófobos, incluyendo actitudes anti-gay, hostilidad implícita hacia los homosexuales, apoyo de políticas anti-gay, y prejuicios discriminatorios como la creación de penas más severas para los homosexuales , concluyen los autores.

“Este estudio muestra que si usted siente ese tipo de reacción visceral a un grupo ajeno, pregúntese: ¿Por qué? ‘”, Dice Ryan. “Las emociones intensas deben servir como una llamada a la auto-reflexión”.

El estudio tiene varias limitaciones, escriben los autores. Todos los participantes eran estudiantes universitarios, por lo que puede ser útil en futuras investigaciones probar estos efectos en adolescentes más jóvenes que aún viven en el hogar y en adultos mayores que han tenido más tiempo para establecer una vida independiente de sus padres y de ver cómo cambian las actitudes a lo largo tiempo.

Otros contribuyentes al artículo incluyen a Cody DeHaan y Nicole Legate, de la Universidad de Rochester, Andrew Przybylski de la Universidad de Essex, y William Ryan, de la Universidad de California en Santa Bárbara.

Autor: Susan Hagen

Fuente original: Science Daily
Fuente en español: Universo Dopler
Visto en Menéame: ¿Es la homofobia a menudo autofobia?

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lunes, 9 de abril de 2012

Hacer el amor con medias posibilita el orgasmo


La universidad de Groening, en Holanda, reveló que usar medias en cada encuentro sexual incrementa en un 30 por ciento las probabilidades de alcanzar un orgasmo, propiedad que no se le puede atribuir a la lencería sexy y microscópica.

El secreto estaría en el calor que los calcetines proporcionan al cuerpo, y que, en consecuencia, dan mayor comodidad a sus portadores.

El descubrimiento se hizo por casualidad, cuando el doctor Gerst Holstege, investigador de la universidad, intentaba averiguar qué sucede a nivel cerebral al momento del orgasmo.

Holstege examinaba con un escáner de emisión de positrones (TEP) los cerebros de 13 mujeres y 11 hombres cuando experimentaban un orgasmo en tiempo real. Cada persona se colocaba bajo el escáner mientras su pareja (que quedaba fuera del escáner) le masturbaba.

El investigador descubrió que, además de la necesidad de usar calcetines para mantener la comodidad, además de una buena temperatura y así incrementar las posibilidades de obtener un orgasmo, una vez que el clímax llega, todas las regiones del cerebro relacionadas con el miedo o la alerta se apagan.

"Esto es algo que nunca habíamos visto", explica Holstege. O sea, cada vez que llegamos al clímax, entramos una especie de trance en que todo es paz, armonía y buena onda.

Fuente

sábado, 10 de diciembre de 2011

Aumenta el desinterés por el sexo en la juventud japonesa

Imagen tomada de stormfront.org

Hong Kong (CNN). Aumentan los jóvenes que no muestran interés por el sexo en Japón, donde se agrava el problema del envejecimiento de la población y la falta de natalidad. Según los resultados de una encuesta publicados la semana pasada, un 60 % de los hombres solteros no tiene una mujer que sea su pareja.

Según una encuesta del Instituto Nacional de Investigación de la Población y la Seguridad Social, dirigida a solteros de entre 18 y 34 años, más del 61 % de los hombres ha contestado que no tiene pareja del sexo opuesto, un aumento de 9,2 puntos con respecto a la encuesta anterior, del 2005. En el caso de las mujeres fue del 50 % aproximadamente. Además, el 45 % de las personas sin pareja contestó que no tenía mucho interés por relacionarse con el sexo opuesto.

Por otra parte, una de cada cuatro personas solteras de entre 35 y 40 años no ha tenido ninguna experiencia sexual.

De los solteros, un 86 % de los hombres y un 89 % de las mujeres afirmó que quiere casarse algún día. Como motivo de no haberse casado, más del 40 % dió la falta de estabilidad económica.

En una encuesta publicada a principios de este año por la Asociación para la Planificación Familiar de Japón, de entre los jóvenes de 16 a 19 años, un 36 % de los chicos (19 puntos más que en el 2008) y un 59 % de las chicas (12 puntos más) contestó que no tenía interés por el sexo o que le disgustaba. Estos resultados corroboran el aumento de los jóvenes llamados hervíboros[1], sin interés por el amor o el sexo.

La tasa de natalidad de Japón es de 1,34, una de las más bajas del mundo, además de tener una población envejecida, en la que una de cada cinco personas tiene más de 65 años. La Federación Económica de Japón, hace tres años, para aumentar la tasa de natalidad, pidió a sus 1.600 empresas asociadas que consideraran permitir a sus empleados casados volver más pronto a casa. Sin embargo, vistos los resultados de estas encuestas, parece que no ha mejorado la situación.

[1] NdT: Se llaman hervíboros porque no tienen interés por la carne
Fuente: CNN de Japón

Agradecemos al gran amigo Kenta por la traducción